Guatemala en nuestras manos

Guatemala en nuestras manos

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Los guatemaltecos nacimos con el privilegio de compartir un colorido espacio de la tierra muy afortunado y rico en costumbres, paisajes, historia, arte, naturaleza, gente admirable y muchísimo por descubrir y aprender. Así como se nos otorgó el privilegio de poder disfrutar la larga lista de maravillas que Guatemala tiene para ofrecer, a cada uno de nosotros también se nos asignó una responsabilidad: tomar una de las cuerdas de la caballería que conduce a Guatemala a su destino.

Es verdad que son varios los agentes que juegan un papel significativo en la creación del futuro de Guatemala, como nuestro gobierno o factores del macroentorno que tienen repercusión en el funcionar de la nación. Debido a esto, muchos guatemaltecos renunciamos al papel que también jugamos en el futuro del país y dejamos todo “en manos de las autoridades”.

Años de récords históricos evidencian que no podemos depender enteramente de nuestro gobierno para darle vida al cambio que esperamos vivir; algunas autoridades han afectado severamente a Guatemala por perseguir intereses egoístas o han sido actores directos de golpes y heridas que los guatemaltecos hemos tenido que tolerar y recuperarnos con ayuda de nuestra característica resiliencia. Este historial de años de injusticia es una de las razones para decir que Guatemala está en nuestras manos y hace inaceptable que existan personas que prefieren esperar que sus querellas sean atendidas por otros, esperando que algún caudillo pueda idear una solución para el problema que los acongoja, o que simplemente intenten ignorar la realidad, aunque sólo lo logren temporalmente, porque tarde o temprano terminarán estrellándose contra ella.

 

Lamentablemente, una gran cantidad de personas aún opta por la indiferencia o apatía, escudándose tras la teoría de que “es deber de las autoridades velar por eso”, “eso no me afecta y no tiene por qué importarme”, “lo que yo haga no va a cambiar nada”, y logran pasar el tiempo creyendo que la indiferencia no pasa factura. La indiferencia no elimina el deber, el deber permanecerá ahí y si no decidimos asumirlo, ese “poder de decisión no utilizado” será aprovechado por alguien más, y quien debió haber sido el decisor será arrastrado de un lado a otro por haber elegido dejarse llevar, deliberadamente o no.

Foto: @grandesideasparapeques

Diariamente, con nuestras palabras, actos, decisiones y con todo lo que emana de nosotros, estamos trazando con antelación el camino que tarde o temprano tendremos que recorrer. Cada elección, por más sencilla que parezca, tiene un impacto en nuestras vidas, como un boomerang que volverá a su punto de partida en forma de un fruto o de consecuencias.

Nuestra cultura está corrompida por paradigmas e ideologías nocivas, por las que se nos ha enseñado a normalizar y hasta a ignorar conductas que deberían ser inadmisibles. Actualmente y por desgracia, aún hay conductas dañinas que han sido normalizadas por una gran proporción de nuestro pueblo que se ha acostumbrado a que en sus centros educativos, lugares de trabajo e incluso en sus hogares, todos los días se vivan y pasen desapercibidas cosas como el irrespeto, la discriminación, intolerancia, violencia y otras conductas que para nada deberían ser consideradas normales, porque no lo son. Tener conocimiento de esta realidad hace imperativo que nos analicemos en introspectiva y nos preguntemos si estamos contribuyendo al incremento de la toxicidad de nuestro ambiente o si estamos haciendo algo para mejorarlo, a pensar en nuestras decisiones grandes y pequeñas, en por qué hacemos lo que hacemos y hacia dónde va a llevarnos eso, en cómo tratamos a la gente, cómo nos relacionamos con los elementos de la naturaleza, qué tomamos para nosotros y cómo compensamos al universo por ello.

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Foto: Steve Aldana

El primer paso es abrir los ojos y, aunque sea difícil, estar dispuestos a ver nuestra realidad para enfrentarnos a nosotros mismos y a lo que creemos. Retémonos a desatar una batalla contra nuestros viejos hábitos. Renunciemos a ser arrastrados de un lado a otro por nuestra indiferencia y pensemos si lo que realmente queremos es existir de manera egoísta, atropellando a los demás o impidiendo su desarrollo, actuando de manera deshonesta, ridiculizando a quien decide expresarse sin herir a nadie o a quien se atreve a ir contra la corriente para hacer lo correcto. Es difícil asumir el reto de autoevaluarse, pero es necesario saber que, aún en aspectos que consideramos mínimos, podríamos estar propiciando una realidad tóxica que nos mantiene alejados del progreso.

Humanicémonos; podemos empezar interesándonos más en conocer y entender lo que pasa alrededor nuestro. Estemos dispuestos a solidarizarnos con quienes sean menos afortunados o necesiten ayuda, empecemos a trabajar en el cambio que queremos ver en nosotros mismos y nuestra comunidad, desde no contaminar tanto, proteger la naturaleza, denunciar las injusticias, respetar a los demás como nuestros semejantes y promover una cultura de aprendizaje. Cada día, asumamos con responsabilidad nuestro rol como agentes activos en el cambio que queremos ver en Guatemala.

Tenemos a Guatemala en nuestras manos.